Archivado en: prosa | Etiquetas: aburrimiento, discurso moral, droga, Fortex, jalar, pegamento
A las tres de la tarde en la calle Florencio Sánchez yo estaba buscando al coreano. Y en Florencio Sánchez antes de llegar a Salta el coreano estaba andando en bicicleta. Y entonces a esa hora y en ese lugar pude saludar al coreano. Estoy drogado me dijo el coreano. Sos un pelotudo le contesté yo. Ya fue me dijo el coreano. Sos un idiota le dije yo y después lo ataqué con un extenso discurso moral. ¿Estás yendo a la escuela? le pregunté después de terminar con todo ese largo discurso moral. No, me contestó el coreano. ¿Por qué? le pregunté yo. Porque me aburro me contestó el coreano. Sos un tarado le dije yo. Tenés que ir a la escuela y no drogarte más. Sí, ya se, me contestó el coreano. ¿Ahora qué haces? le pregunté al coreano. Voy a jalar pegamento, me dijo él. Sos un boludo le contesté yo. Jalar pegamento es de villero le dije. Si te querés drogar drogate bien boludo le dije. Y él me dijo que se iba a las vías. Y yo le dije que no se fuera, que me llevara en el caño de la bicicleta. Y él me dijo que se iba a jalar pegamento. Y yo le dije que quería ir con él, que lo acompañaba a jalar pegamento. Y entonces abrió la pierna derecha y yo me subí en el caño de la bicicleta. ¿A dónde vamos? le pregunté. Vamos a la ferretería me dijo él, vamos a comprar el pegamento. Yo entro, le dije. Bueno me dijo él. Una lata de Fortex le dije al de la ferretería. Tres con veinte me dijo él. Tome le dije yo. Gracias me dijo él. De nada le dije yo. Vamos a las vías me dijo el coreano. Vamos le dije yo. El coreano se sentó abajo de un árbol. El coreano sacó una bolsa de nylon y abrió la lata que yo había comprado recién. El coreano con un palo metió pegamento en la bolsa. El coreano me miró y se rió mientras ponía el pegamento en la bolsa. El coreano tiene los dedos con mugre. El coreano tiene manchas en el pantalón. El coreano tiene el pelo sucio y enredado. El coreano usa topper de lona. El coreano agarra la bolsa desde arriba con una mano. El coreano mete la boca en el espacio que queda en su mano. El coreano sopla e infla la bolsa. El coreano aspira y la bolsa se vacía adentro de él. El coreano gesticula algo como si fuera un idiota. El coreano se queda un poco así como un idiota y vuelve a hablar con palabras normales. El coreano me mira y se ríe de nuevo. AHORA YO le digo. Y entonces yo. Yo agarro la bolsa que tiene el coreano. Yo me fijo y veo lo que tiene la bolsa. Yo puedo ver una pasta verde adentro de la bolsa que me da el coreano. Yo cierro la bolsa como lo hizo el coreano. Yo soplo como sopló el coreano. Yo aspiro como aspiró el coreano. Yo me veo a mí mismo haciendo algo que dura cuatro segundos. Yo veo esa misma acción repitiéndose una y otra vez. Yo escucho que esa Secuencia tiene sonido. Yo escucho que ese sonido se divide en tres partes. Yo escucho que ese sonido se repite en cada Secuencia como “quedó algo cerrado”. Yo veo que la imagen se repite una y otra vez. Yo siento que lo que estoy haciendo se repite una y otra vez. Yo siento que todo lo que estoy haciendo se repite una y otra vez. Yo siento que el coreano me mira. Yo siento que puedo hablar con el coreano que está al lado mío mirándome. Yo siento que el coreano se está riendo. El coreano vuelve a agarrar la bolsa y vuelve a jalar. Yo vuelvo a agarrar la bolsa y vuelvo a jalar. El coreano vuelve a agarrar la bolsa y vuelve a jalar. Yo vuelvo a agarrar la bolsa y vuelvo a jalar. El coreano vuelve a agarrar la bolsa y vuelve a jalar. Yo agarro la bolsa, la abro, y veo que la pasta que estaba verde ahora es transparente.
En las vías no pasa nadie. Creo que el coreano habló. Creo que dijo: “cuando las vías son tu paseo habitual”. Pero no tiene mucho sentido. Además el coreano no diría algo así. Además esta ahí con la boca adentro de la bolsa, en otro lado. Entonces me levanto y bajo hasta las vías (estábamos abajo de un árbol, donde el terreno sube un poco y hay una pared con un alambre que casi toca la calle bien pavimentada que va a Sarmiento y que separa las vías del barrio en donde se acumula la mayor cantidad del capital de esta ciudad) y me pongo al sol y espero a que el coreano vuelva para no irme así no más sin decirle algo como despedida, para que entienda que me estoy yendo. Entonces el coreano me mira desde abajo del árbol. Y yo pongo los ojos chinos por el sol y le digo me voy a la mierda. Y el coreano se levanta y me dice esperá que te llevo. Y yo le digo no, no te hagas drama, seguí jalando. Y el coreano me dice que soy un puto. Y yo me voy caminando despacio por las vías. Y camino abajo del sol. Y no sé bien por dónde salgo y camino entre las casas vacías, por las calles vacías de la siesta. Y voy pensando en el gusto en la garganta, todo el tiempo el gusto en la garganta, como infectado, y los ojos también como afiebrados, y más que nada después de haber estado ahí en las vías es el gusto en la garganta todo el tiempo. Y llego hasta una parada de colectivos y paro la 517 y el colectivo viaja y yo no pienso en cosas como suelo pensar y pienso solamente en una cosa y es en el gusto que tengo en la garganta y el calor en los ojos. Y cuando llego a mi casa es de día y es temprano y voy a mi pieza y cierro la ventana y cierro la puerta y todo es calmo y es de día y me acuesto y duermo y me despierto con calor pero temblando y siento el olor del pegamento en la ropa transpirada. Y duermo un poco y me despierto y me saco la ropa y me siento sucio y me veo al espejo y me veo con barba y me siento sucio y me miro las manos y tienen pegamento y me siento sucio y me saco toda la ropa y me veo la panza y me veo el pecho y me veo los ojos rojos y me veo el pelo despeinado y me siento sucio. Y me baño.
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